Publicacions
Aspirado en el espejo Paris IF-EPFCL
XII Jornada Internacional IF-EPFCL
Aspirado en el espejo
Espero que sean comprensivos puesto que no voy a hablar de la fobia.
Les hablaré de Sony, un niño atendido en una institución médico-educativa deorientación analítica que atiende a niños con autismos y con psicosis infantiles.
Sony parte con un diagnóstico de autismo que, por la clínica, se me impone cuestionar y me pregunto: ¿qué estructura para este sujeto?
Esbozo de la primera infancia
Es el hijo pequeño de dos hermanos, su papá y su mamá están recientemente separados.
Nuestro pequeño sujeto llegó con tres años al centro, parecía no entender, no mirar a los ojos, no responder y no tener en cuenta la demanda del adulto.
De todas formas, los papás explicaban que los miraba, en ocasiones sonriendo, y los “llamaba” cuando quería dormir con la mamá o bien jugar con el papá.
En relación con el lenguaje, había presencia de ecolalias. El uso de la palaba parecía sobreexcitarle.
Primer encuentro
Conocí a Sony cuando él tenía nueve años, en el centro donde atendemos los niños con autismos.
En el aula él parecía distinto, más permeable al contacto con sus iguales. Quiero resaltar este punto: los semejantes despertaban en él tanto (1) su interés como (2) su locura.
Cuando empecé a atenderlo se observaba, en primer lugar, una tendencia de lo que yo llamaría un “rechazo” al Otro, en relación a su demanda y deseo. Es decir, un repliegue libidinal en relación a los objetos y las personas, especialmente los adultos.
Él se relacionaba con el mundo y con el saber, a partir del ordenador, los videojuegos y la animación. Hasta el día de hoy, en su semblante hay algo de esta “digitalización” o más bien, robotización, que se traduce en un lenguaje con enunciación maquínica.
Pienso que su relación con el significante se complejizó, poco a poco se dejó entrever que había entrado en las reglas sintácticas y aunque sin posibilidad de metáfora o metonimia, sus palabras le representaban como sujeto deseante.
Hablemos de la irrupción de la angustia. Cuando Sony se desencadenaba, su cuerpo se agitaba como el de un muñeco enloquecido, sus extremidades se movían con movimientos espasmódicos fuertes y sin ninguna lógica. Asimismo, emitía sonidos y palabras incomprensibles. Asistía a una dislocación de su propio cuerpo y de su estructura significante.
El desencadenante, a menudo, era una confusión respecto a la imagen del pequeño otro. O más bien, podríamos pensar en una alteración del eje imaginario. Pongo algunos ejemplos:
- Esperaba encontrar a un compañero que ese día estaba ausente, y encontraba a otro en su lugar.
- Le confundían a él por su hermano, debido a su parecido físico.
En estos momentos se juega algo de la especularidad, en el registro imaginario, puesto que cuando la imagen del pequeño otro y la suya se pierden en la confusión, aparece el fenómeno elemental que precede a los retornos de lo real. La perplejidad de un primer
momento da paso a una angustia abrumadora que se manifiesta en lo que yo creo que Lacan se refiere cuando habla de la “regresión tópica al estadio del espejo […] por cuanto la relación con el otro especular se reduce allí a su filo mortal»1.
Hemos venido a hablar de niños en instituciones y de la angustia. ¿Cómo puede Sony hacerla hablar?
En su caso, él elabora un primer intento de significación: el cuerpo se me corrompe.Cuando usa el significante corromper, para él es en el sentido informático, como un archivo dañado.
Segundo tiempo
Al observar una progresiva apertura al Otro, propusimos un cambio de dispositivo y de aula para Sony. Hará un año, empezó a compartir aula con niños psicóticos, que al contrario que los autistas, mostraban cierto interés por él.
En este segundo tiempo, los fenómenos de estallido imaginario se modificaron. Lo que vino a aparecer en su lugar era un grito desgarrador. En momentos de angustia, desatados frente al pegoteo imaginario con el semejante, Sony responde con un chillido que invade todo el espacio. Es un grito explícitamente dirigido al compañero que le hace enloquecer. Su cuerpo, esta vez, se rigidiza gravemente, llegándose a encorvar hasta noventa grados sobre su cintura.
Esta vez el desencadenante puede ser un grito, una broma, una palabra que le absorbe, aunque no vaya dirigida a él. Esto es lo que creo que se materializa para Sony como una iniciativa de goce, dejándolo como aspirado.
Cabe añadir que esto nunca le ocurre con los adultos, solo con los iguales. Esto llama la atención.
Ni la distancia real del espacio ni la distancia simbólica que aporta el Otro con su palabra, pueden calmarle.
En el sujeto llamado esquizofrénico, lo que se manifiesta en los momentos de descompensación es, por una parte, un retorno del goce a nivel del cuerpo, y por otra, a nivel del lenguaje.
En Sony, acompañado de la fragmentación de i(a), se constataba en ocasiones una disolución de la barra que une el significante al significado, provocando una explosión de su léxico.
Cuando no está angustiado, en su día a día por la institución este pequeño sujeto juega con las palabras, se divierte haciéndolas explotar, creando derivados a partir del equívoco, o neologismos. Lo que no soporta, en cambio, es cuando esto lo hace otra persona.
Para mí, y esto quiero ponerlo a debate, nos encontramos frente a un sujeto que ha atravesado el estadio del espejo2, pudiendo constituir el borde de su superficie corporal. Es su unidad corporal lo primero que estalla junto a la cadena significante, en momentos de disolución del eje imaginario.
Respecto a los retornos de lo real, Sony podrá preguntarse lo siguiente, le cito: “Necesito que unos científicos me digan porqué los gritos de mis compañeros entran en mi cerebro”. En una ocasión dirá que cuando se angustia, el Diablo le dice cosas y le enfada, y a su vez, Dios y Jesucristo le hablan, pero de forma distinta. Recuerdo a Luís Izcovich3 proponer que a diferencia de la paranoia dónde opera la forclusión del NdP, podríamos pensar en un tipo de exclusión más compleja en la esquizofrenia, la forclusión del gran Otro4 .Esto dejaría al sujeto con la posibilidad de identificación al semejante, pero sin el recurso a la ley o al tercero, que haga de mediación entre él y el pequeño otro.
En el caso de Sony podemos constatar el retorno de un goce que le invade y le deja aspirado en el espejo. Y a su vez, escuchamos sus intentos de restaurar libidinalmente a un Otro del bien y del mal, en el que localizar algo de este real. Intentos, podríamos pensar, de paranoidización, pero que no llegan a cristalizar en un objeto fijo.
1 LACAN, J.: “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Obras escogidas I, Barcelona, RBA, 2006.
2 LACAN, J.: “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, Obras escogidas I, Barcelona, RBA, 2006
3 IZCOVICH, L.: Clínica diferencial de las psicosis en la infancia Luís Izcovich. [FOE Barcelona EPFCL]. 2017. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=36_jq1XXzMA
4 Esta es mi hipótesis diagnóstica, la de esquizofrenia infantil, por el papel predominante de lo especular.
A diferencia del autismo que se define por la pre-especularidad, y la paranoia por el hecho que el sujeto sostiene a un Otro, invistiéndolo de goce.

